Por Eric Muñiz de la Rosa
“Maestra” de la asignatura de periodismo en la Escuela
de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y “editora”
del diario Pulso, Adriana Ochoa ha comprobado que no es ni lo uno ni lo otro.
Se supone que el profesionalismo de cualquier persona
que presuma de tenerlo, se refleja en el trabajo que produce. En el caso de
Adriana Ochoa el resultado de su labor como editora se ve claramente en cientos
de las notas del diario Pulso, de las cuales solo doy una pequeña muestra: "
'Levantón' de palomas en el Centro Histórico”, “de moda
amuletos pro empleo”, “con venta de dulces intenta salir adelante”, “por
tamaladas activan molinos”, “Aparición provoca accidente”, “escolar
se golpea al chocar con otra”, “Temen en Valles ataques de ardillas”, “Por año
nuevo se agotan los calzones rojos”.
“La pobreza también pega a los perros”, “Aumentan el precio de gorditas
de Morales”, “El calor aumenta la venta de paletas”, “Hace botas picudas a la
medida”, “Se desploma venta de gel”, “Pide orar por la verdad en los medios”, “Ardillas
invaden Santiago”, “Ven fantasmas en Real de Catorce”, “Viva, la tradición del pan de muerto”, “Jóvenes
usan tatuajes para evadir justicia”, “Gastan candidatos en trucos de belleza”, “Suben
de precio las gorditas”, “Aparece fantasma femenino en carretera”, “Figura de
santo flota en el aire”, ¿Aterriza OVNI en Tamasopo”, “OVNI provoca incendio en
planta de zinc”.
Adriana Ochoa es la directa responsable de la publicación de tales
barrabasadas, y este es el tipo de periodismo que enseña, y ha enseñado, a los
cientos de alumnos que han tenido la desgracia de tenerla como “maestra”.
La ignorancia e ineptitud periodística de Adriana Ochoa se refleja claramente
en su columna La Cábala del domingo 1 de noviembre pasado, como todas sus
columnas plagada de rebuscadas palabrejas con las que intenta adornar lo que
escribe. En ella Adriana culpa a la opacidad gubernamental de la ineptitud de
los periodistas potosinos, incapaces de escribir una nota sin la ayuda de los
consabidos boletines de prensa que diariamente, con infalible asiduidad,
aterrizan en sus escritorios.
Adriana culpa a la “opacidad” de la falta de capacidad
periodística de los reporteros para descubrir las noticias cuando dice: “Cada
sexenio es la misma historia […] hasta que se han ido los que concluyeron nos enteramos
que engordaron la nómina… dejaron ir recursos federales… heredaron deudas de
miles de millones y manotearon en cuanto cajón (de dinero público) tuvieron
oportunidad de abrir. Se supone que el derecho a la información pública ayudaría
a acabar con estos males, pero (la ley) ha sido diseñada para leguleyos y no
para ciudadanos.
¿Para leguleyos y no para ciudadanos? ¿Acaso no son ellos,
Adriana y sus inútiles subordinados, los expertos que deberían saber todos los
trucos y estrategias para obtener toda la información que desean utilizando la
Ley de Transparencia?
Dicen que para tonto no se estudia, pero parece ser
que los “periodistas” potosinos (y sus “maestros” como Adriana Ochoa) hasta el
doctorado han obtenido.
¿Piensa Adriana que los periodistas que publicaron el escándalo
del caso Watergate, que culminó con la histórica renuncia de Richard Nixon a la
presidencia de la nación más poderosa del mundo, obtuvieron la información por
medio de la Ley de Transparencia o les llegó en un boletín de prensa?
La mayoría de los periodistas potosinos son ineptos
como tales, y sus editores otros tantos incapaces de hacer algo mejor que sus
subordinados.
Adriana desvaría en su columna, y se mete de lleno a
criticar la corrupción que permea hasta la médula a la burocracia en general. Que
si tal funcionario comete un estropicio con daño al erario siempre se le
protege, en cuyo caso “cualquier pillería es “subsanable”, dice… “mientras el sucesor
justiciero, se vende la puesta en escena del linchamiento no a quien la deba,
sino a quien la pague. La ocasión es propicia para corruptos funcionarios
salientes que ofrecen la delación de otros.”
¿Y los “periodistas” no fueron “tapaderas” durante el
sexenio, sin publicar nada para no perder el chayote?
También los “periodistas” y “editores”, como lo hace
Adriana, son ahora los acusadores, diciendo en su columna “Toranzo el
perseguidor del marcelato, repartió con altavoces carné de ética y hoy, con su
sucesor, nos confirman lo que ya se dejaba ver: Nunca aceptó sus errores, no
hizo nada por arreglar las fallas, no puso freno a sus colaboradores más ávidos
de ascenso social y su administración nos dejó basificadas con nivel 13 hasta a
las novias”.
Si esto lo sabe Adriana con tanta seguridad ¿Por qué no
lo denunció en claridosas notas o en su columna en cada una de esas
oportunidades? Simplemente porque el
periodismo potosino carece de ética, de profesionalismo, de conocimientos y de vergüenza.
Adriana arremete hasta contra quienes reparten el
queso, dice: “Las áreas de comunicación son desde hace varios sexenios todo un
ejemplo de obesidad mórbida en la nómina estatal. Tienen comunicadores
oficiales para asignar a cada titular de dependencias pero siguen llegando los
de ‘compromiso de campaña’… los ‘de base’
tienen ya una serie de ‘conquistas’ sindicales que hacen muy complicado
ponerlos a trabajar”.
Pero Adriana no dice que de la oficina de comunicación
de cada dependencia el diario Pulso recibe su chayote mensual, y que entre
tanto empleado de comunicación se encuentran “periodistas’ en activo o ex
colegas que les ayudan a conseguir lo máximo en chayote, aparte de que solo son
“aviadores” que reciben sueldo sin trabajar.
Y con sus clásicas escupidas hacia arriba, Adriana
Ochoa cierra su columna diciendo: “ Colonizan cada rincón del gobierno una
pérdida de conciencia de los límites y una abrumadora sensación de impunidad y
de superioridad cuya expresión más notable es el desdén y la arrogancia como
segunda naturaleza”.
Con eso ya no se sabe si Adriana se está refiriendo también
a los periodistas, porque le dio en el clavo.

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