Sunday, November 1, 2015

PERIODISTA INÚTIL DE UN PERIODISMO EMPÍRICO CULPA DE SU INEPTITUD A LA FALTA DE TRANSPARENCIA GUBERNAMENTAL


Por Eric Muñiz de la Rosa

“Maestra” de la asignatura de periodismo en la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y “editora” del diario Pulso, Adriana Ochoa ha comprobado que no es ni lo uno ni lo otro.

Se supone que el profesionalismo de cualquier persona que presuma de tenerlo, se refleja en el trabajo que produce. En el caso de Adriana Ochoa el resultado de su labor como editora se ve claramente en cientos de las notas del diario Pulso, de las cuales solo doy una pequeña muestra: " 'Levantón' de palomas en el Centro Histórico”, “de moda amuletos pro empleo”, “con venta de dulces intenta salir adelante”, “por tamaladas activan molinos”, “Aparición provoca accidente”, “escolar se golpea al chocar con otra”, “Temen en Valles ataques de ardillas”, “Por año nuevo se agotan los calzones rojos”.

“La pobreza también pega a los perros”, “Aumentan el precio de gorditas de Morales”, “El calor aumenta la venta de paletas”, “Hace botas picudas a la medida”, “Se desploma venta de gel”, “Pide orar por la verdad en los medios”, “Ardillas invaden Santiago”, “Ven fantasmas en Real de Catorce”,  “Viva, la tradición del pan de muerto”, “Jóvenes usan tatuajes para evadir justicia”, “Gastan candidatos en trucos de belleza”, “Suben de precio las gorditas”, “Aparece fantasma femenino en carretera”, “Figura de santo flota en el aire”, ¿Aterriza OVNI en Tamasopo”, “OVNI provoca incendio en planta de zinc”.

Adriana Ochoa es la directa responsable de la publicación de tales barrabasadas, y este es el tipo de periodismo que enseña, y ha enseñado, a los cientos de alumnos que han tenido la desgracia de tenerla como “maestra”.

La ignorancia e ineptitud periodística de Adriana Ochoa se refleja claramente en su columna La Cábala del domingo 1 de noviembre pasado, como todas sus columnas plagada de rebuscadas palabrejas con las que intenta adornar lo que escribe. En ella Adriana culpa a la opacidad gubernamental de la ineptitud de los periodistas potosinos, incapaces de escribir una nota sin la ayuda de los consabidos boletines de prensa que diariamente, con infalible asiduidad, aterrizan en sus escritorios.

Adriana culpa a la “opacidad” de la falta de capacidad periodística de los reporteros para descubrir las noticias cuando dice: “Cada sexenio es la misma historia […] hasta que se han ido los que concluyeron nos enteramos que engordaron la nómina… dejaron ir recursos federales… heredaron deudas de miles de millones y manotearon en cuanto cajón (de dinero público) tuvieron oportunidad de abrir. Se supone que el derecho a la información pública ayudaría a acabar con estos males, pero (la ley) ha sido diseñada para leguleyos y no para ciudadanos.

¿Para leguleyos y no para ciudadanos? ¿Acaso no son ellos, Adriana y sus inútiles subordinados, los expertos que deberían saber todos los trucos y estrategias para obtener toda la información que desean utilizando la Ley de Transparencia?

Dicen que para tonto no se estudia, pero parece ser que los “periodistas” potosinos (y sus “maestros” como Adriana Ochoa) hasta el doctorado han obtenido.

¿Piensa Adriana que los periodistas que publicaron el escándalo del caso Watergate, que culminó con la histórica renuncia de Richard Nixon a la presidencia de la nación más poderosa del mundo, obtuvieron la información por medio de la Ley de Transparencia o les llegó en un boletín de prensa?

La mayoría de los periodistas potosinos son ineptos como tales, y sus editores otros tantos incapaces de hacer algo mejor que sus subordinados.

Adriana desvaría en su columna, y se mete de lleno a criticar la corrupción que permea hasta la médula a la burocracia en general. Que si tal funcionario comete un estropicio con daño al erario siempre se le protege, en cuyo caso “cualquier pillería es “subsanable”, dice… “mientras el sucesor justiciero, se vende la puesta en escena del linchamiento no a quien la deba, sino a quien la pague. La ocasión es propicia para corruptos funcionarios salientes que ofrecen la delación de otros.”

¿Y los “periodistas” no fueron “tapaderas” durante el sexenio, sin publicar nada para no perder el chayote?

También los “periodistas” y “editores”, como lo hace Adriana, son ahora los acusadores, diciendo en su columna “Toranzo el perseguidor del marcelato, repartió con altavoces carné de ética y hoy, con su sucesor, nos confirman lo que ya se dejaba ver: Nunca aceptó sus errores, no hizo nada por arreglar las fallas, no puso freno a sus colaboradores más ávidos de ascenso social y su administración nos dejó basificadas con nivel 13 hasta a las novias”.

Si esto lo sabe Adriana con tanta seguridad ¿Por qué no lo denunció en claridosas notas o en su columna en cada una de esas oportunidades? Simplemente  porque el periodismo potosino carece de ética, de profesionalismo, de conocimientos y de vergüenza.

Adriana arremete hasta contra quienes reparten el queso, dice: “Las áreas de comunicación son desde hace varios sexenios todo un ejemplo de obesidad mórbida en la nómina estatal. Tienen comunicadores oficiales para asignar a cada titular de dependencias pero siguen llegando los de ‘compromiso de campaña’…  los ‘de base’ tienen ya una serie de ‘conquistas’ sindicales que hacen muy complicado ponerlos a trabajar”.

Pero Adriana no dice que de la oficina de comunicación de cada dependencia el diario Pulso recibe su chayote mensual, y que entre tanto empleado de comunicación se encuentran “periodistas’ en activo o ex colegas que les ayudan a conseguir lo máximo en chayote, aparte de que solo son “aviadores” que reciben sueldo sin trabajar.

Y con sus clásicas escupidas hacia arriba, Adriana Ochoa cierra su columna diciendo: “ Colonizan cada rincón del gobierno una pérdida de conciencia de los límites y una abrumadora sensación de impunidad y de superioridad cuya expresión más notable es el desdén y la arrogancia como segunda naturaleza”.

Con eso ya no se sabe si Adriana se está refiriendo también a los periodistas, porque le dio en el clavo.

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